UN DÍA INOLVIDABLE
CREDITOS:
CRISTIAN GUEVARA VELARDE
“Tenía tantas colecciones de los cuadernillos de
las academias que estaba pensando
seriamente volverme reciclador. Con toda la plata que mis “viejos y abuelos”
han gastado en mi preparación fácil ya habría hecho una carrera en alguna
universidad privada. Pero no, yo quiero ser
un ARTISTA.”
Tal
vez fue suerte o el destino que quiso convertir
un día normal en uno especial. Cientos de personas que desean
crecer profesionalmente formaban largas colas. Punto de partida para una
nueva etapa y un futuro aún desconocido.
Un
8 de enero del 2014 era para Cristian Guevara un día especial; el cielo se observaba despejado, las brisas
del viento frías como el gélido mar, las luces que alumbraban a una gran
magnitud de locales, todo esto anunciaba un gran nerviosismo. En la puerta se podía observar una larga cola de
postulantes; jóvenes que poseían rostros emocionados, tristes, alegres,
nerviosos, algunos compraban lápices y caramelos de limón. Todo esto se debía
que este no era un día cualquiera sino
el día de examen de admisión a la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca
Flor.
Esta
era la última oportunidad para Cristian, de cumplir con lo que siempre quiso la
música, su gran anhelo, la que le
permitiría formar parte de un lugar
diferente y conocer nuevas amistades.
La
hora trascurría más rápido de lo normal todos ingresaban a sus aulas respectivas,
pero Cristian no encontraba el lugar asignado, preguntando llego retrasado;
llegó el momento donde entregan los
exámenes y él ahí asustado esperaba su turno, cuando ya lo tenía en sus manos,
su mente se puso en blanco no recordaba nada, miró por ambos lados y todos
resolvían o parecía que lo hacían; cuando una fuerza de su interior lo regreso
al mundo real. Rápidamente empezó
resolviendo los temas de letras para terminar con matemática, física y
química. Eso era una buena señal había estudiado se había pasado horas, días,
semanas sin poder dormir, con la única idea de ingresar a la prestigiosa a la
Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor su gran sueño, su visión.
Cuando
termino salió corriendo en dirección de su casa, se encerró en su cuarto; con
lápiz rojo en mano empezó a marcar su prueba, las cinco respuestas primeras
eran inciertas, con nostalgia seguía calificando. Cuando termino de revisar,
algo en su corazón le decía que si ingresaría, pero otra fuerza le decía que
no; se iba a volver loco de la angustia.
Sin
mucha fe y optimismo de poder ingresar, el prosiguió con sus cosas y deberes no
tomando mucha atención a la lista de ingresantes. Cuando un sonido, de esos
molestos se oyó en la puerta, era su
madre, pues le había hecho saber que había sido uno de los pocos ingresantes.
EL PRIMER DÍA
“No
recuerdo muy bien la primera vez que entré a la
Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor; pero si cuando subí la gradas como estudiante
de Arte”. Poco a poco aquella congoja fue cediendo ante el ajetreo de la vida
universitaria: las clases, los profesores, las “niñas” de la escuela todo se
convirtió en mi mundo.
El
primer día en la de labores académicas
suele estar cargado de nervios, emoción y alegría; esa experiencia la
vivieron todos los estudiantes de primer año de
la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor.
“Tenía la sensación de que todos me miraban y
eso provocó que me sintiera nervioso, pero después con el profesor que impartió
la primera clase, me hizo sentir en ambiente y poco a poco fui perdiendo el
temor de relacionarme con mis compañeros”, dijo Cristian Guevara .
En
el arte pasa igual que en paleontología,
para ver todos los especímenes y obras que te interesan te tienes que recorrer
medio mundo y para poder aprender tienes que practicar y no siempre eres rico o tienes un benefactor
que te sufrague los gastos. Precisamente por ello me ha parecido una buena idea
ahorrar para comprar una guitarra y todos los instrumentos que utilizare en el
futuro pero mientras los conseguiré de donde sea.
Cristian ya comenzó
a ahorrar dinero para comprarse un piano eléctrico, porque un piano
convencional, de madera, es carísimo. Vio un órgano Yamaha en Music Market, que
costaba entre 700 y 800 soles. Él tenía
hasta ese momento, 200 soles ahorrados.
Un día estaba en la Escuela Nacional de
Arte Carlos Baca Flor, y en el descanso entre asignaturas, sus amigos Gerardo y
Stefanie, le dijeron en broma que estaban
formando una banda de rock. Y él les
siguió el juego y les dijo que se
uniría. Pasaron los días, y lo de la banda seguía siendo un proyecto, pero no
tenían algo factible, materializado,
visible, afianzado. Todo el plan era muy prometedor pero nada más. Cristian había aprendido a tocar piano de niño. Tenía
conocimientos básicos de música. Sus
amigos le dijeron que aprendía
rápido, que estaban orgullosos de su avance y que era un muy buen estudiante.
Su profesor, le enseñó los power chords y las
escalas pentatónicas. Él debía practicar
en su casa, pero como no tenía guitarra eléctrica practicaba en una guitarra
acústica que, siendo sincero, es de muy mala calidad. Con los power chords que
ya había aprendido, tenía el suficiente recurso para acompañarse con su
guitarra cantando sus propias canciones. Al principio se sonrojaba y le daba
vergüenza cantárselas al profesor, pero él tenía curiosidad en conocer las
canciones que había compuesto porque le
hablaba de ellas. Hasta que un día se soltó y se las cantó. Me recomendó que
las colgara en el canal de YouTube, pero Cristhian se negaba. Cristhian asiste a clases semanalmente con Ángel Osorio, y dice
que es un gran maestro ejecutor de la guitarra eléctrica.
Cada vez que se juntaban empezaban a
imaginar cómo debería ser los videoclips de su banda, cada uno proyecta ideas
más alocadas que el otro, a veces hasta unían ideas y ya tenían resuelta la
trama del vídeo. Adora sus clases de guitarra, porque no puede haber encontrado a un profesor mejor que él,
que me siga sus ideas descabelladas, que no me mire como si estuviera loco cada
vez que dice algo gracioso, y que tiene
tanto talento que no necesita andar con poses de famoso, porque él es quien es
y todos adoramos.
La guitarra de Cristian se quedará siempre con él; Aun cuando llegue
a reunir el dinero para comprarse otra
mucho mejor, conservara su primera guitarra y se la obsequiara para que la tenga su hijo, nietos, o sus sobrinos, y
la usen sin que se sientan culpables de habérsela prestado y sepan que con ella
comenzó a tocar sus primeros power
chords.

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