miércoles, 1 de julio de 2015


UN DÍA INOLVIDABLE

CREDITOS: CRISTIAN GUEVARA VELARDE


“Tenía  tantas colecciones de los cuadernillos de las  academias que estaba pensando seriamente volverme reciclador. Con toda la plata que mis “viejos y abuelos” han gastado en mi preparación fácil ya habría hecho una carrera en alguna universidad privada. Pero no, yo quiero ser  un ARTISTA.”

Tal vez fue suerte o el destino que quiso convertir  un día normal en uno especial. Cientos de personas  que desean  crecer profesionalmente formaban largas colas. Punto de partida para una nueva etapa y un futuro aún desconocido.
Un 8 de enero del 2014 era para Cristian Guevara un día especial;  el cielo se observaba despejado, las brisas del viento frías como el gélido mar, las luces que alumbraban a una gran magnitud de locales, todo esto anunciaba un gran nerviosismo. En la  puerta se podía observar una larga cola de postulantes; jóvenes que poseían rostros emocionados, tristes, alegres, nerviosos, algunos compraban lápices y caramelos de limón. Todo esto se debía que este no era un día cualquiera sino  el día de examen de admisión a la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor.
Esta era la última oportunidad para Cristian, de cumplir con lo que siempre quiso la música, su gran anhelo,  la que le permitiría formar parte  de un lugar diferente y conocer nuevas amistades.
La hora trascurría más rápido de lo normal todos ingresaban a sus aulas respectivas, pero Cristian no encontraba el lugar asignado, preguntando llego retrasado; llegó el  momento donde entregan los exámenes y él ahí asustado esperaba su turno, cuando ya lo tenía en sus manos, su mente se puso en blanco no recordaba nada, miró por ambos lados y todos resolvían o parecía que lo hacían; cuando una fuerza de su interior lo regreso al mundo real. Rápidamente empezó  resolviendo los temas de letras para terminar con matemática, física y química. Eso era una buena señal había estudiado se había pasado horas, días, semanas sin poder dormir, con la única idea de ingresar a la prestigiosa a la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor su gran sueño, su visión.
Cuando termino salió corriendo en dirección de su casa, se encerró en su cuarto; con lápiz rojo en mano empezó a marcar su prueba, las cinco respuestas primeras eran inciertas, con nostalgia seguía calificando. Cuando termino de revisar, algo en su corazón le decía que si ingresaría, pero otra fuerza le decía que no; se iba a volver loco de la angustia.
Sin mucha fe y optimismo de poder ingresar, el prosiguió con sus cosas y deberes no tomando mucha atención a la lista de ingresantes. Cuando un sonido, de esos molestos  se oyó en la puerta, era su madre, pues le había hecho saber que había sido uno de los pocos ingresantes.

EL PRIMER DÍA
“No recuerdo muy bien la primera vez que entré a la  Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor;  pero si cuando subí la gradas como estudiante de Arte”. Poco a poco aquella congoja fue cediendo ante el ajetreo de la vida universitaria: las clases, los profesores, las “niñas” de la escuela todo se convirtió en mi mundo.
El primer día en la de labores académicas  suele estar cargado de nervios, emoción y alegría; esa experiencia la vivieron todos los estudiantes de primer año de  la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor.
 “Tenía la sensación de que todos me miraban y eso provocó que me sintiera nervioso, pero después con el profesor que impartió la primera clase, me hizo sentir en ambiente y poco a poco fui perdiendo el temor de relacionarme con mis compañeros”, dijo Cristian Guevara .
En el  arte pasa igual que en paleontología, para ver todos los especímenes y obras que te interesan te tienes que recorrer medio mundo y para poder aprender tienes que practicar y  no siempre eres rico o tienes un benefactor que te sufrague los gastos. Precisamente por ello me ha parecido una buena idea ahorrar para comprar una guitarra y todos los instrumentos que utilizare en el futuro pero mientras los conseguiré de donde sea.
Cristian ya  comenzó  a ahorrar dinero para comprarse  un piano eléctrico, porque un piano convencional, de madera, es carísimo. Vio un órgano Yamaha en Music Market, que costaba entre 700 y 800 soles. Él  tenía hasta ese momento, 200 soles ahorrados.
Un día estaba en la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor, y en el descanso entre asignaturas, sus amigos Gerardo y Stefanie, le  dijeron en broma que estaban formando una banda de rock. Y él  les siguió  el juego y les dijo que se uniría. Pasaron los días, y lo de la banda seguía siendo un proyecto, pero no tenían  algo factible, materializado, visible, afianzado. Todo el plan era muy prometedor pero nada más. Cristian  había aprendido a tocar piano de niño. Tenía conocimientos básicos de música. Sus  amigos le  dijeron que aprendía rápido, que estaban orgullosos de su avance y que era un muy buen estudiante.

Su  profesor, le enseñó los power chords y las escalas pentatónicas. Él  debía practicar en su casa, pero como no tenía guitarra eléctrica practicaba en una guitarra acústica que, siendo sincero, es de muy mala calidad. Con los power chords que ya había aprendido, tenía el suficiente recurso para acompañarse con su guitarra cantando sus propias canciones. Al principio se sonrojaba y le daba vergüenza cantárselas al profesor, pero él tenía curiosidad en conocer las canciones que  había compuesto porque le hablaba de ellas. Hasta que un día se soltó y se las cantó. Me recomendó que las colgara en el canal de YouTube, pero Cristhian se negaba. Cristhian asiste  a clases semanalmente con Ángel Osorio, y dice que es un gran maestro ejecutor de la guitarra eléctrica.
Cada vez que se juntaban empezaban a imaginar cómo debería ser los videoclips de su banda, cada uno proyecta ideas más alocadas que el otro, a veces hasta unían ideas y ya tenían resuelta la trama del vídeo. Adora sus clases de guitarra, porque no puede  haber encontrado a un profesor mejor que él, que me siga sus ideas descabelladas, que no me mire como si estuviera loco cada vez que dice algo gracioso,  y que tiene tanto talento que no necesita andar con poses de famoso, porque él es quien es y todos adoramos.
La guitarra de Cristian  se quedará siempre con él; Aun cuando llegue a reunir el dinero para comprarse  otra mucho mejor, conservara su primera guitarra y se la obsequiara para que  la tenga su hijo, nietos, o sus sobrinos, y la usen sin que se sientan culpables de habérsela prestado y sepan que con ella comenzó a tocar sus  primeros power chords.


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